“Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo”. Esas son las últimas palabras de Alberto Hurtado y de ellas nace nuestra visión: trabajar para erradicar la pobreza y desatar la solidaridad entre hermanos. Todo para construir un Chile sin desigualdad y con dignidad para todos.
El Hogar de Cristo acoge con amor a quienes viven en pobreza y vulnerabilidad, para ampliar sus oportunidades a una vida mejor. Convoca con entusiasmo a través del voluntariado y vincula a la comunidad en su responsabilidad con los excluidos de la sociedad. Es una organización transparente, eficiente y eficaz, que animada por la espiritualidad de san Alberto Hurtado promueve una cultura de respeto, justicia y solidaridad.

